MACHO MAN
A rastras tuve que sacar a Maricarmen de la verbena, no
quería irse. En cuarenta años casados nunca le habían apetecido las fiestas y justamente
anoche, vaya, se le antojó venir.
Mientras me meneaba entre policías y cowboys al ritmo de
Village People, la vi detrás de una barraca, arrimada a un indio, pimplándose
una garrafa de aguardiente. Como Maricarmen piripi se pone muy pesada, la metí
al asiento trasero y arranqué. Y aunque iba medio grogui, no paraba de atosigarme:
que si sube la música, que si baja la ventanilla, que si pedazo marinero que va
sentado de copiloto.