DERRIBADO
Morir
electrocutado por un rayo bajo una tormenta eléctrica que le pillase en medio
del campo, descalzo sobre la tierra encharcada mientras llovía a cántaros, los
rayos cayendo a su alrededor hasta que uno, ¡zas!, acertase de lleno en la
punta metálica del paraguas que sujetaba, atravesase furiosamente sus dedos y
se expandiese por todo el cuerpo, reventándolo por dentro, sacándole los ojos
fuera de sus órbitas, chamuscando y poniéndole de punta el vello, haciéndole
jirones la piel, y expulsar humo por nariz, boca y orejas, hasta caer fulminado
al suelo, le parecía menos doloroso que verla a ella meter sus tops, deportivas
y vaqueros en su mochila de cualquier manera, echársela al hombro y sin mirar
atrás, sin ni siquiera un beso, abandonar para siempre el apartamento.