lunes, 2 de noviembre de 2026

Érase una maldita vez

ÉRASE UNA MALDITA VEZ

Nos llaman las bestias del bosque y en las viñetas aparecemos con las fauces siempre abiertas, siempre intimidando. Si algún niño quedaba sin asustar, añaden el apellido feroz a nuestra especie y, ¡voilá!, somos los personajes más temibles que te puedes encontrar en un cuento.

Pero esto es una falacia. Cierto es que carnívoros somos, no lo voy a negar. Sin embargo, tenemos nuestro corazón. Ahora mismo, por ejemplo, después de olisquear a una niña con caperuza roja que pasaba por aquí, en vez de cazarla, me quedé inmóvil, atento a unos gruñidos lastimeros que solicitaban ayuda. Así que me olvidé de esa presa y para allá me fui.

Al llegar, me encontré una cerda preñada, retorciéndose de dolor. Cogí unas toallas, llené una palangana con agua caliente y me dije: «hoy ejerzo de comadrona». Y la ayudé a traer a este mundo tres hermosos cochinillos. Rosaditos, rechonchos, mmm, tiernecicos…