domingo, 9 de noviembre de 2014

Depredadores

DEPREDADORES

Lo que aterrorizaba a Samia cuando cumplió los once años no eran las sombras que atravesaba cada mañana cuando dejaba atrás el campamento camino de la escuela, ni los gruñidos de los coyotes.
Madre, no me obligues a vivir donde el tío Malik suplicaba agarrada de su túnica.
Hija, se hará lo que tu padre ordene sollozaba esta, mientras doblaba su ropita dentro de un saco.
Desde entonces, cada vez que se acostaba, Samia apretaba muy fuerte los ojos. Y las piernas. 
Cuando tres años después llegó su hermana pequeña al infierno de adobe, supo lo que debía hacer.
Aquella tarde, dos niñas corrieron de la mano hacia las dunas.
Aquella noche, no se escuchó ningún aullido en el desierto.






Lapidación

LAPIDACIÓN


El muñeco fue el primero en cerrar los ojos. Los apretó fuerte, muy fuerte, hasta dolerle toda la cara. Cuando cesó la lluvia de piedras sobre el cuerpo de su dueña, los volvió a abrir, pero no consiguió ver nada detrás de aquella cortina roja.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Champán y sal

CHAMPÁN Y SAL

Recuerdo que rodé por los escalones un par de veces antes de ser arrastrado por esta vikinga a su camarote. ¿Qué le habrían puesto al ponche aquel? ¡Si yo antes del tercer brindis no canto nunca! Dos sorbitos, un meneo en la pista de baile y hala, ya tenía su lengua metida hasta el paladar. ¿Cuánto tiempo llevaremos tumbados en esta cama? Qué mareo me está dando con la cabeza aprisionada entre sus muslos, casi no me llega el aire. Tengo la boca seca de tanto lamerle el caramelito, que a ratos parece a punto de descorcharse, pero nada, que no. Cómo tarda la tía, y eso que esta mañana no me afeité. ¿En qué idioma estará gimiendo… Astrid? ¿Ashley? ¿Cómo dijo que se llamaba? Ah, qué alivio, por fin ha terminado; vaya sacudida, del empellón me he caído al suelo. ¡Eh! ¿Qué hace la litera pegada a la pared y la ventana en el techo? Me da vueltas la habitación, menuda borrachera he pillado. Anda, esto que se me clava en la espalda, ¿qué es? ¿El pomo de la puerta? ¿Y por qué está entrando agua por debajo de… Glu glu glu.


Antes del Sapiens

ANTES DEL SAPIENS

Nada más ponerse erguidos sobre sus patas traseras comenzaron a mirar por encima del hombro a sus congéneres. Cuando se aburrieron de tener ociosas las manos, se les ocurrió fabricar útiles de cocina y herramientas, pusieron baldas en las cavernas y establecieron unas rutinas diarias
Para alimentarse, decidieron organizarse en cuadrillas de caza. Por las mañanas, bien temprano, los machos afilaban las puntas de sílex y al anochecer volvían agotados con corzos y liebres ensartados en palos que las hembras asaban en hogueras; más que nada para diferenciarse de aquella chusma.
¡Qué asco me dan! gruñían unos, arrojando piedras a los primates. Míralos, solo saben despiojarse, copular y… copular.
Nunca llegarán a nada asentían otros, altivos.
Y así continuaron, madrugando y trabajando, ante la mirada divertida de aquellos salvajes, que no hacían más que despiojarse, copular y… copular.



Alumno aventajado

ALUMNO AVENTAJADO

Descubrí la clave en el último verso del haiku que nos dictaba el señor Jiang, que cuando aquello vivía en un apartamento pegado al de mis padres. Detrás de dos frases muy raras que leí veinte veces sin entenderlas, me encontré con la tercera, que decía: «con la guadaña». Cinco sílabas que le daban todo el sentido al poema. Me percaté entonces de la indirecta que me estaba lanzando el tío, que siempre que coincidíamos en el ascensor se lamentaba de lo mustia que veía a su planta. Y se me ocurrió una idea.
Esa misma tarde, al salir de clase, cogí el primer autobús para regresar a toda prisa a casa. Mi madre todavía no había vuelto del taller de costura; mejor, porque nunca me dejaba enredar con los cuchillos. Así que cogí las tijeras del cajón de la cocina y podé el bonsái que tenía el profesor en el rellano de la escalera.
Ese año repetí curso.





Insomnio

INSOMNIO

Esperó hasta dormirse y soñó con otra Navidad. Tardó unos minutos en acomodarse sobre el colchón mientras recordaba a su marido escupiendo por la ventanilla del coche, costumbre que repetía cada vez que se tomaba unas copas de cava en casa de sus suegros. «Si tiene que escupir, que lo haga. Lo único que pido es que se ahorre el gorgoteo».

Cuando sonaron cuatro campanadas en el reloj de pared de los vecinos, escuchó unos balidos apremiantes al pie de su cama y se dio cuenta de que el sedante no había hecho efecto. Entonces asumió, resignada, que tendría que contar ovejas otra noche más.

La venda

LA VENDA


Amelia trajinaba alegre por la cocina, canturreando. Ojeaba por encima el periódico abierto sobre la mesa mientras hervía la leche para el café y tostaba pan para el desayuno de Julio, su marido, que seguía acostado quejándose de agujetas. Al llegar a las páginas de deportes, buscó su nombre en la clasificación de la carrera. Recorrió durante unos minutos la hoja hasta que lo encontró, entre los diez últimos. «Si todas las tardes sale a entrenar. Además anoche llegó tan contento…». Ya en silencio, acabó de fregar la vajilla y sacó la ropa de la lavadora. «¿Esta mancha de qué es?».
Sobre el adoquín del patio se estrellaron juntos la pinza que Amelia sostenía en la boca, «me juró que aquello había terminado» y el poco orgullo que luchaba por conservar. Cuando recobró el aliento, se levantó de la banqueta y metió a remojo el calzoncillo manchado de carmín.


lunes, 13 de octubre de 2014

Pesca y caza

PESCA Y CAZA

«Recluida en el pozo seco, pronto se callará», decide Bruno escondiendo detrás del acuario la red mojada. Arrodillado con la oreja muy cerquita de la piraña, el niño cree escuchar su boqueo. Mientras, su hermana persigue por la tienda al dependiente de ojos aguamarina, que le explica que las tortuguitas son más sucias; que los peces naranjas son todos idénticos y que, cuando se mueren, los pequeños de la casa no distinguen a los intrusos en la pecera al llegar del cole.
Para cuando su hermana toda despeinada y el dependiente de ojos aguamarina salen del almacén, el pez ha muerto y Bruno lleva un rato dormido en el suelo.


sábado, 11 de octubre de 2014

Esta noche te cuento

ESTA NOCHE TE CUENTO


Atrás dejó el despertador, los viajes en metro, los recreos, las reuniones de padres y la pastilla para la tensión. Todo aquello quedó olvidado cuando se vino a vivir a este pueblo escondido entre montañas, donde podría hacer realidad su sueño: dedicarse a escribir.
Cada noche, después de podar manzanos, segar el campo, cosechar arándanos y limpiar las brozas del jardín, cogía papel y boli y antes de quedarse dormido soñaba con la primera frase de su siguiente cuento.

(Dedicado a JAMS)


domingo, 5 de octubre de 2014

La cabina

LA CABINA

Doris está anudándose la bufanda para marcharse cuando suena el teléfono.

«Nunca llego puntual al cole a recoger a Yeremi, carajo; tendré que ir pensando en cambiar de empleo», piensa resignada mientras se restriega la nariz con el puño y se coloca de nuevo el auricular y los cascos.

Servicio de emergencias, buenas tardes.

Al otro lado del hilo se oye una respiración profunda, como procedente de una caverna.

¡Por fin! ¿Hay alguien ahí? ¡Hola, hola, aquí! ¡A mí! ¡Socorro!

Señor, ¿en qué puedo ayudarle?

Me he quedado atrapado en una cabina y…

¿Una cabina? ¿De ascensor?

De teléfono, señorita. Y déjeme terminar, que solo me quedan tres pesetas. Yo pensaba que esta llamada era gratis.

«¿Pesetas?».

Escúcheme, joven. Esta mañana me metí aquí para telefonear a mi jefe porque llegaba tarde…

¿Dónde trabaja usted? pregunta por curiosidad. «Qué tío más viejuno,  ¿no tiene móvil?».

En Galerías Preciados. Desde su apertura, ¿eh?, soy de los veteranos. Entonces se atascó la puerta y unos desalmados vinieron con un camión grúa y me remolcaron hasta este almacén ¡lleno de cadáveres! Pero de camino me he fijado bien, tome nota: está justo detrás de la fábrica de Mirinda, no tiene pérdida. ¡Envíen ayuda, rápido…!

Cuando se corta la llamada, Doris se abotona el abrigo, estornuda, «vaya, me he resfriado otra vez», espera un par de minutos y como el hombre no vuelve a llamar, se levanta y ahora sí se marcha.

 


Tres son multitud

TRES SON MULTITUD

Cuando tan solo se encuentra a unos pasos de la frutería, Pepa dobla la esquina en sentido contrario, embriagada por un aroma que le hace salivar.
Te dije que dieras un rodeo y tú nada se lamenta abatida una voz interior.
¡Ni caso, reina! estalla una segunda voz. A ver, que llevas toda la semana masticando acelgas y tomando yogures desnatados. Qué tristeza, hija, de verdad.
Pepa se detiene frente al escaparate de la confitería del barrio. Antes, mete barriga para plegar las lorzas que sobresalen por encima del vaquero. Hoy está contenta: en el último mes ha conseguido bajar de la talla 46. Aunque, eso sí, el botón lo lleva incrustado en el ombligo.
Mmm se relame la voz tentadora. Fíjate en esa bandeja: bombas de hojaldre y nata recién hechas. Como para resistirse, ¿eh?
Peepaaa, date media vuelta y vete por donde has venido.
Una señora sale de la tienda y Pepa le sostiene la puerta. Ya está con un pie dentro.
Bah, por un dulce de nada, ¿qué te va a pasar? insiste la voz dominante. Luego subes andando las escaleras de casa y listo.
Buenos días saluda a la dependienta. Por favor, póngame un par de…


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Amor de nuera

AMOR DE NUERA


Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo, ni para pintarse el ojo. Además siempre está con los dientes manchados de carmín y la línea de las cejas torcida. Vamos, un cromo, la vieja. Por eso yo misma me ofrecí esta mañana para peinarla y arreglarla un poco, aunque ya me imaginaba que no me dejarían ni entrar en su habitación. Casi que mejor, menudo pestazo que salía de ahí dentro. No entiendo cómo mi suegro, tan adorable, tan pincel, le tiene esa pasión. Cuatro brazos han hecho falta para separarle del ataúd.

lunes, 4 de agosto de 2014

Eterno candidato

ETERNO CANDIDATO

A Jero siempre se le dio bien todo lo relacionado con las actividades físicas. De pequeño fue un niño muy inquieto, así que no era de extrañar que con tan solo cuatro años cabalgara sin ningún miedo por el territorio Sioux a lomos de un potrillo; y que con ocho supiese tensar el arco con soltura y fuera capaz de acertar a gran distancia con sus flechas en el tronco de un sauce, habilidad que con los años iría perfeccionando hasta convertirse en un experto, para orgullo de su padre, el gran jefe indio. De carácter extrovertido, si había que bailar era el primero en apuntarse, lo que le vino pero que muy bien para aprender enseguida los pasos de la Danza del Sol. Y en cuanto veía que el jefe de otra tribu y su padre, con rostro por fin relajado, salían de la tienda y cogían una pala, corría a ofrecerse voluntario para cavar un agujero en la tierra y así poder enterrar el Hacha de Guerra que tanto le disgustaba.

Pero todo esto nunca fue suficiente para ser admitido en el grupo de los aspirantes al puesto de mando. Año tras año, Jero era siempre rechazado cuando, en la prueba de La Pipa de la Paz, le daba un tremendo ataque de tos.

sábado, 2 de agosto de 2014

Demencia

DEMENCIA

Desde que encontraron el cadáver de Holly hundido en el pozo negro, mamá se pasa los días deambulando como un fantasma por los pasillos y habitaciones sin parar de repetir «no olvides bajar la tapa, hija, no olvides bajar la…» cada vez que me ve entrar o salir del cuarto de baño. Está convencida de que se escurrió por el agujero del inodoro que ahora engulle cada nuevo cachorro de setter que obstinado trae papá cuando misteriosamente desaparece el anterior.
Solo el eco de esa cantinela, las descargas de la cisterna y los ladridos suplicantes me mantienen distraída. Porque desde aquello nadie habla ya de mi hermana. Ni de ella ni de nada. Por eso yo, para sentirme menos sola, sigo llevando mascotas a su tumba y en las noches de luna llena me quedo allí un ratito a jugar con sus sombras.



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viernes, 25 de julio de 2014

Piripi

PIRIPI

¿Qué es el curry? chilla la tía Tomasa desde la banqueta mientras apura su tercer vaso de moscatel―. ¿Vas a hacer una sopa inglesa, María Concepción?
Yo lavo las manzanas bajo el chorro del grifo y observo por el rabillo del ojo a mi cuñada Concha, que aprieta con fuerza los labios. Y el cuchillo con el que está picando los ajos.
Tía me dirijo en vano a ella recuerde lo que le recomendó el doctor: un dedito de vino. Al día.
Claro que el doctor podría haber sido más explícito: un dedo ¿cómo? ¿En horizontal o en vertical? La tía Tomasa, desde luego, ha entendido lo segundo.
Sois muy pejigueras, me fatigáis mucho masculla envalentonada agitando incrédula la botella vacía.
En realidad, la tía Tomasa no es de la familia ni nada. Fue la niñera de mi suegro. Cuando este creció, sus padres no supieron cómo deshacerse de ella y se la quedaron. Bastantes años más tarde, mi marido y su hermana la heredaron con la casa.
En serio te lo digo se queja Concha al tiempo que rehoga las verduras. Para entonces, la tía Tomasa ronca con la cabeza apoyada sobre el mantel que cada vez que relleno el crucigrama del periódico y sale la palabra «adir» me entran unas ganas de…





La crème de la crème

LA CRÈME DE LA CRÈME

Por fin viernes, qué ganas de que acabara la semana. Y de disfrutar de este momento de relax aquí tumbada en el sofá, sin hacer nada. No sé dónde estará Alberto, habrá salido a comprar algo especial para la cena, que hoy es nuestro quinto aniversario. Igual hasta me hace un regalito. Bueno, igual no, seguro. No conozco hombre más detallista. Que no todos los maridos se meten después del trabajo en la cocina para preparar una crema de pepinos, si hasta las rodajas ha dejado ya cortadas. Lo leí el otro día en una revista y le comenté, como de pasada, lo bueno que es el pepino para hidratar el cutis. A Alberto es comentarle cualquier cosa que te apetezca y no para hasta complacerte; vamos, un lujo de marido es lo que es. Algún ingrediente más hay por aquí, puede ser sandía, por eso ha quedado tan diluida. Seguro que ha mirado en internet y ha enriquecido la mezcla para obtener mayores beneficios.
Oigo abrirse la puerta, ahí llega mi chico.
¡Alberto, estoy aquí, en la sala! Ha entrado a la cocina, le estoy oyendo abrir armarios. Ah, ya viene.
Pero Silvia, ¿qué haces con la sopa untada en la cara?
¿Eeeh?
Nada, nada, nena, que… he pensado que… mejor cenamos en un restaurante.




sábado, 5 de julio de 2014

Un sitio para ella

UN SITIO PARA ELLA


Entró en la residencia de los Spencer por la puerta de la cocina para no hacer ruido, por si aún no se habían levantado. Tras quitarse las botas mojadas y calzarse las zapatillas, Ekaterina suspiró con nostalgia al ver las fuentes con los dulces, los renos de los paquetes de regalo, las serpentinas de colores… Los restos de la Nochebuena.
Comenzó la limpieza por el salón. Colocó en su sitio unos taburetes de cuero que habían quedado junto a la chimenea y recogió del suelo dos copas vacías y una botella de brandy por la mitad. Le sorprendió ver un cenicero con dos puros; le recordó al abuelo Grigor, a quien solo permitían encender su pipa en las fechas señaladas.
Sobre la mecedora de la señora Emily reposaban las agujas de tejer y un gorrito azul con ositos rojos a medio terminar. Con mucho cuidado, lo guardó en la caja de los hilos.
Al pasar el aspirador, descubrió entre las butacas un caballito de madera, seguramente el regalo de Santa Claus para Dennis, el pequeño de la familia. Lo llevó junto a la sillita de paseo a una esquina de la sala y se dispuso a despejar la mesa de la cena.
Retiró las copas del brindis, cambió el mantel por otro limpio y pasó una bayeta humedecida por la trona del niño. Una hora después, ponía en marcha el lavavajillas y se dejaba caer en una banqueta de la cocina para descansar unos minutos antes de marcharse. Mientras se quitaba los guantes, no pudo evitar contemplar a través de los cristales las calles de la urbanización, a esa hora todavía sin las pisadas de los caminantes; los muñecos de nieve con sus bufandas de cuadros; el humo de las chimeneas encendidas…
Le ocurría cada vez que iba a casa de los Spencer. Ekaterina hacía lo imposible por desviar la mirada, pero siempre terminaba fijándose en el balancín amarillo que habían instalado para el nieto debajo del pino. Sintió una punzada en el pecho al ver las bolas y adornos de navidad que decoraban el árbol. Todo le recordaba a su pequeño Sasha, que pronto cumpliría cuatro años. A tres mil kilómetros de allí. Por primera vez, no podría soplar las velas junto a él.
De pronto escuchó unos saltitos en el pasillo y el inconfundible chirrido de unas ruedas que se acercaban. Con la punta del delantal, se secó a toda prisa las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos, justo antes de que el señor Spencer entrara en su silla de ruedas con el niño sentado en su regazo.
Katy, te lo advierto: hoy no te escapas. Ayer te esfumaste muy hábilmente, pero hoy no te lo voy a permitir. Y tomándola con suavidad del brazo, la invitó a pasar al salón. Mira añadió señalando hacia la mesa Dennis ha puesto una silla para ti.


martes, 1 de julio de 2014

Chantaje

CHANTAJE

Antes de meter la llave en la cerradura, Edgar vuelve la cabeza para echar un último vistazo al aparcamiento. Dos Buick descoloridos, una moto cruzada en la acera. Un gato relamiéndose junto a un cubo de basura volcado sobre los charcos.
Edgar, no estás de servicio.
Chicago es peor que una cloaca.
Entran en la habitación. Cuatro paredes desnudas, una ventana desvencijada. Afuera retumban los truenos, arrecia la tormenta. Edgar coloca encima de la mesa su arma, las esposas, la placa. En el respaldo de la silla la chaqueta, la camisa, los pantalones. La ropa interior. Su compañero le rodea con los brazos por detrás y comienza a mordisquearle la oreja, a provocar el latido de su virilidad. Un relámpago ilumina esta escena de pasiones prohibidas, de sexo furtivo. Sus cuerpos tiemblan con el roce de sus dedos, con la tibia humedad de sus besos. Al borde del éxtasis, ambos se funden en uno solo. Y cierran los ojos
Una ráfaga de luces alumbra la estancia, pero hace rato que cesó el golpeteo de la lluvia contra los cristales. Edgar se gira hacia la ventana a tiempo de verles huir en la moto.
Con sus cámaras.
Malditos hijos de puta.

martes, 24 de junio de 2014

Tute de reyes

TUTE DE REYES

Le has atizado fuerte, eh, Gervasia dice Herminia clavando la punta del bastón en el cuerpo que yace sobre las baldosas.  Creo que la has matado. Y ahora el pobre cactus qué, ahí en el suelo sin su maceta. Eres muy bruta.
Tú acércate más ordena Gervasia desde su silla de ruedas mientras recoge indignada las cartas  del tapete. ¿Respira aún?
No se mueve, no. Esto no me gusta. Yo me vuelvo al patio, no quiero ser cómplice de una malhechora.
¡Espérate, bruja! Tú también estás metida en el ajo, qué te has creído. A ver,  ¿qué diremos si nos detienen?
Ah, no sé. Piensa algo, tú que eres tan pragmática sugiere Herminia con ironía.
¿¿¿Qué me has llamado??? chilla lanzándole la baraja a la cabeza, esta vez sin acertar. Todo lo tengo que hacer yo, leñe. Pues le diré al juez que nos robaba las perras y que estoy harta de promulgar con ruedas de molino.
Comulgar, Gervasia, comulgaaar.
¿Eeeh?
Nada. Que mira, la arrastro hasta el lavabo y así pensarán que resbaló allí. Y guárdate ese rey de bastos, que nos puede venir bien para la partida de mus.


Sí, quiero

SÍ, QUIERO

Luego, si se fijan, acaban arrancando esa hilacha de su pantalón. O se llevan el puño cerrado a la boca y simulan un carraspeo, así como sin ganas. O miran de soslayo el reloj del padrino en un gesto inútil que ellas detectan al instante. Entonces es cuando, y aquí sí que hay que fijarse bien o no lo verán, de un codazo casi imperceptible pero firme, las novias reclaman su atención. No hay vuelta atrás, se dicen resignados. Casi todos, porque siempre hay alguno que se desmaya de verdad

martes, 17 de junio de 2014

El Big Bang

EL BIG BANG


Alguien ha empezado a tirar del hilo equivocado, el que descarté por llevar el genoma humano. Esto retrasa un poco mis designios, pero por tiempo no me puedo quejar. Mientras tanto, esperaré entre tinieblas para contemplar la autodestrucción del planeta azul. ¡Cuánta paciencia tiene uno que tener con estos diosecillos de medio pelo!

El guion

EL GUION


Mucho me temo que vienen a rescatarme el Padre y compañía otra vez, ¡cuantas dudas me crean! Pero por no enredarme con el Texto, yo seguiré negando hasta que cante el gallo.

miércoles, 11 de junio de 2014

Delicias de ultramar

DELICIAS DE ULTRAMAR

¡Cómo me apetece una tortilla de patata con pimientos! ¡Mmmm, qué rica tiene que estar! ¿Me oyes, Fernando?
Yo con este vinito dice derramando media copa sobre el mantel me fumaría un cigarrillo. Qué chulo, echar humo por la boca.
Deja un poco el cariñena y atiéndeme, anda. Mira, he estado pensando que deberíamos ampliar el reino. Los niños están creciendo y necesitan más espacio para jugar. Y alimentos más nutritivos. Me preocupa sobre todo Juana, la noto muy delgaducha y últimamente anda como atolondrada. Sí, ya sé que está en la edad del pavo, pero antes de que se nos descarríe quiero encontrarle novio. Uno que sea guapo.
Te veo pensando en boda, Isabel, y en tarta nupcial. Pues te diré que el chocolate engorda.
Tú qué sabes, si aún no lo conoces contesta enfadada.
Ni tú las patatas. Ni los pimientos se defiende él, despatarrándose sobre el trono.

Mañana sin falta insiste tozuda avisas al amigo tuyo aquel, el genovés que tenía un barco. ¿Cómo se llamaba? Crispín, o Críspulo, o algo así, y le convences para que vaya a colonizar nuevas tierras. Con un poco de suerte igual hasta descubre el picante.

lunes, 2 de junio de 2014

使用說明

使用說明

Nada, que no avanzo. Me he perdido, sí, lo reconozco. No consigo pasar del primer escollo y eso que solo hay dos. No puede ser tan difícil, por mucho que se empeñen en complicarlo poniendo estas letras enanas adrede, si casi no se ven. Ahora mismo voy a por mis gafas y empiezo desde el principio. Tengo que salir de este atolladero yo sola, no pienso aguantarle las bromitas a Miguel cuando vea que no he sabido cambiar la clave. De eso nada.
«Desde una posición indicada, gire a la derecha, inserte su código. Por favor, recuerde un código que insertó». Esto último sobra, la verdad, aunque hay mucho zote por ahí…. Pero ¿cuál será esa «posición indicada»? Aquí falta un dibujo, yo creo. A veeer, un número que no se me olvide… ¡Ya está! El 1·5·0, o sea, la multa que pagué ayer por hablar por el móvil con Miguel, que siempre me llama cuando estoy conduciendo. Encima por su culpa me he metido en este berenjenal, «nena, compra un candado donde los chinos que no me fío de los aeropuertos».

Esto sigue sin cerrar, grrr… ¡Hala, a tomar por saco el puñetero chisme este, que ya estoy harta!d