lunes, 4 de agosto de 2014

Eterno candidato

ETERNO CANDIDATO

A Jero siempre se le dio bien todo lo relacionado con las actividades físicas. De pequeño fue un niño muy inquieto, así que no era de extrañar que con tan solo cuatro años cabalgara sin ningún miedo por el territorio Sioux a lomos de un potrillo; y que con ocho supiese tensar el arco con soltura y fuera capaz de acertar a gran distancia con sus flechas en el tronco de un sauce, habilidad que con los años iría perfeccionando hasta convertirse en un experto, para orgullo de su padre, el gran jefe indio. De carácter extrovertido, si había que bailar era el primero en apuntarse, lo que le vino pero que muy bien para aprender enseguida los pasos de la Danza del Sol. Y en cuanto veía que el jefe de otra tribu y su padre, con rostro por fin relajado, salían de la tienda y cogían una pala, corría a ofrecerse voluntario para cavar un agujero en la tierra y así poder enterrar el Hacha de Guerra que tanto le disgustaba.

Pero todo esto nunca fue suficiente para ser admitido en el grupo de los aspirantes al puesto de mando. Año tras año, Jero era siempre rechazado cuando, en la prueba de La Pipa de la Paz, le daba un tremendo ataque de tos.

sábado, 2 de agosto de 2014

Demencia

DEMENCIA

Desde que encontraron el cadáver de Holly hundido en el pozo negro, mamá se pasa los días deambulando como un fantasma por los pasillos y habitaciones sin parar de repetir «no olvides bajar la tapa, hija, no olvides bajar la…» cada vez que me ve entrar o salir del cuarto de baño. Está convencida de que se escurrió por el agujero del inodoro que ahora engulle cada nuevo cachorro de setter que obstinado trae papá cuando misteriosamente desaparece el anterior.
Solo el eco de esa cantinela, las descargas de la cisterna y los ladridos suplicantes me mantienen distraída. Porque desde aquello nadie habla ya de mi hermana. Ni de ella ni de nada. Por eso yo, para sentirme menos sola, sigo llevando mascotas a su tumba y en las noches de luna llena me quedo allí un ratito a jugar con sus sombras.



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viernes, 25 de julio de 2014

Piripi

PIRIPI

¿Qué es el curry? chilla la tía Tomasa desde la banqueta mientras apura su tercer vaso de moscatel―. ¿Vas a hacer una sopa inglesa, María Concepción?
Yo lavo las manzanas bajo el chorro del grifo y observo por el rabillo del ojo a mi cuñada Concha, que aprieta con fuerza los labios. Y el cuchillo con el que está picando los ajos.
Tía me dirijo en vano a ella recuerde lo que le recomendó el doctor: un dedito de vino. Al día.
Claro que el doctor podría haber sido más explícito: un dedo ¿cómo? ¿En horizontal o en vertical? La tía Tomasa, desde luego, ha entendido lo segundo.
Sois muy pejigueras, me fatigáis mucho masculla envalentonada agitando incrédula la botella vacía.
En realidad, la tía Tomasa no es de la familia ni nada. Fue la niñera de mi suegro. Cuando este creció, sus padres no supieron cómo deshacerse de ella y se la quedaron. Bastantes años más tarde, mi marido y su hermana la heredaron con la casa.
En serio te lo digo se queja Concha al tiempo que rehoga las verduras. Para entonces, la tía Tomasa ronca con la cabeza apoyada sobre el mantel que cada vez que relleno el crucigrama del periódico y sale la palabra «adir» me entran unas ganas de…





La crème de la crème

LA CRÈME DE LA CRÈME

Por fin viernes, qué ganas de que acabara la semana. Y de disfrutar de este momento de relax aquí tumbada en el sofá, sin hacer nada. No sé dónde estará Alberto, habrá salido a comprar algo especial para la cena, que hoy es nuestro quinto aniversario. Igual hasta me hace un regalito. Bueno, igual no, seguro. No conozco hombre más detallista. Que no todos los maridos se meten después del trabajo en la cocina para preparar una crema de pepinos, si hasta las rodajas ha dejado ya cortadas. Lo leí el otro día en una revista y le comenté, como de pasada, lo bueno que es el pepino para hidratar el cutis. A Alberto es comentarle cualquier cosa que te apetezca y no para hasta complacerte; vamos, un lujo de marido es lo que es. Algún ingrediente más hay por aquí, puede ser sandía, por eso ha quedado tan diluida. Seguro que ha mirado en internet y ha enriquecido la mezcla para obtener mayores beneficios.
Oigo abrirse la puerta, ahí llega mi chico.
¡Alberto, estoy aquí, en la sala! Ha entrado a la cocina, le estoy oyendo abrir armarios. Ah, ya viene.
Pero Silvia, ¿qué haces con la sopa untada en la cara?
¿Eeeh?
Nada, nada, nena, que… he pensado que… mejor cenamos en un restaurante.




sábado, 5 de julio de 2014

Un sitio para ella

UN SITIO PARA ELLA


Entró en la residencia de los Spencer por la puerta de la cocina para no hacer ruido, por si aún no se habían levantado. Tras quitarse las botas mojadas y calzarse las zapatillas, Ekaterina suspiró con nostalgia al ver las fuentes con los dulces, los renos de los paquetes de regalo, las serpentinas de colores… Los restos de la Nochebuena.
Comenzó la limpieza por el salón. Colocó en su sitio unos taburetes de cuero que habían quedado junto a la chimenea y recogió del suelo dos copas vacías y una botella de brandy por la mitad. Le sorprendió ver un cenicero con dos puros; le recordó al abuelo Grigor, a quien solo permitían encender su pipa en las fechas señaladas.
Sobre la mecedora de la señora Emily reposaban las agujas de tejer y un gorrito azul con ositos rojos a medio terminar. Con mucho cuidado, lo guardó en la caja de los hilos.
Al pasar el aspirador, descubrió entre las butacas un caballito de madera, seguramente el regalo de Santa Claus para Dennis, el pequeño de la familia. Lo llevó junto a la sillita de paseo a una esquina de la sala y se dispuso a despejar la mesa de la cena.
Retiró las copas del brindis, cambió el mantel por otro limpio y pasó una bayeta humedecida por la trona del niño. Una hora después, ponía en marcha el lavavajillas y se dejaba caer en una banqueta de la cocina para descansar unos minutos antes de marcharse. Mientras se quitaba los guantes, no pudo evitar contemplar a través de los cristales las calles de la urbanización, a esa hora todavía sin las pisadas de los caminantes; los muñecos de nieve con sus bufandas de cuadros; el humo de las chimeneas encendidas…
Le ocurría cada vez que iba a casa de los Spencer. Ekaterina hacía lo imposible por desviar la mirada, pero siempre terminaba fijándose en el balancín amarillo que habían instalado para el nieto debajo del pino. Sintió una punzada en el pecho al ver las bolas y adornos de navidad que decoraban el árbol. Todo le recordaba a su pequeño Sasha, que pronto cumpliría cuatro años. A tres mil kilómetros de allí. Por primera vez, no podría soplar las velas junto a él.
De pronto escuchó unos saltitos en el pasillo y el inconfundible chirrido de unas ruedas que se acercaban. Con la punta del delantal, se secó a toda prisa las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos, justo antes de que el señor Spencer entrara en su silla de ruedas con el niño sentado en su regazo.
Katy, te lo advierto: hoy no te escapas. Ayer te esfumaste muy hábilmente, pero hoy no te lo voy a permitir. Y tomándola con suavidad del brazo, la invitó a pasar al salón. Mira añadió señalando hacia la mesa Dennis ha puesto una silla para ti.


martes, 1 de julio de 2014

Chantaje

CHANTAJE

Antes de meter la llave en la cerradura, Edgar vuelve la cabeza para echar un último vistazo al aparcamiento. Dos Buick descoloridos, una moto cruzada en la acera. Un gato relamiéndose junto a un cubo de basura volcado sobre los charcos.
Edgar, no estás de servicio.
Chicago es peor que una cloaca.
Entran en la habitación. Cuatro paredes desnudas, una ventana desvencijada. Afuera retumban los truenos, arrecia la tormenta. Edgar coloca encima de la mesa su arma, las esposas, la placa. En el respaldo de la silla la chaqueta, la camisa, los pantalones. La ropa interior. Su compañero le rodea con los brazos por detrás y comienza a mordisquearle la oreja, a provocar el latido de su virilidad. Un relámpago ilumina esta escena de pasiones prohibidas, de sexo furtivo. Sus cuerpos tiemblan con el roce de sus dedos, con la tibia humedad de sus besos. Al borde del éxtasis, ambos se funden en uno solo. Y cierran los ojos
Una ráfaga de luces alumbra la estancia, pero hace rato que cesó el golpeteo de la lluvia contra los cristales. Edgar se gira hacia la ventana a tiempo de verles huir en la moto.
Con sus cámaras.
Malditos hijos de puta.

martes, 24 de junio de 2014

Tute de reyes

TUTE DE REYES

Le has atizado fuerte, eh, Gervasia dice Herminia clavando la punta del bastón en el cuerpo que yace sobre las baldosas.  Creo que la has matado. Y ahora el pobre cactus qué, ahí en el suelo sin su maceta. Eres muy bruta.
Tú acércate más ordena Gervasia desde su silla de ruedas mientras recoge indignada las cartas  del tapete. ¿Respira aún?
No se mueve, no. Esto no me gusta. Yo me vuelvo al patio, no quiero ser cómplice de una malhechora.
¡Espérate, bruja! Tú también estás metida en el ajo, qué te has creído. A ver,  ¿qué diremos si nos detienen?
Ah, no sé. Piensa algo, tú que eres tan pragmática sugiere Herminia con ironía.
¿¿¿Qué me has llamado??? chilla lanzándole la baraja a la cabeza, esta vez sin acertar. Todo lo tengo que hacer yo, leñe. Pues le diré al juez que nos robaba las perras y que estoy harta de promulgar con ruedas de molino.
Comulgar, Gervasia, comulgaaar.
¿Eeeh?
Nada. Que mira, la arrastro hasta el lavabo y así pensarán que resbaló allí. Y guárdate ese rey de bastos, que nos puede venir bien para la partida de mus.


Sí, quiero

SÍ, QUIERO

Luego, si se fijan, acaban arrancando esa hilacha de su pantalón. O se llevan el puño cerrado a la boca y simulan un carraspeo, así como sin ganas. O miran de soslayo el reloj del padrino en un gesto inútil que ellas detectan al instante. Entonces es cuando, y aquí sí que hay que fijarse bien o no lo verán, de un codazo casi imperceptible pero firme, las novias reclaman su atención. No hay vuelta atrás, se dicen resignados. Casi todos, porque siempre hay alguno que se desmaya de verdad

martes, 17 de junio de 2014

El Big Bang

EL BIG BANG


Alguien ha empezado a tirar del hilo equivocado, el que descarté por llevar el genoma humano. Esto retrasa un poco mis designios, pero por tiempo no me puedo quejar. Mientras tanto, esperaré entre tinieblas para contemplar la autodestrucción del planeta azul. ¡Cuánta paciencia tiene uno que tener con estos diosecillos de medio pelo!

El guion

EL GUION


Mucho me temo que vienen a rescatarme el Padre y compañía otra vez, ¡cuantas dudas me crean! Pero por no enredarme con el Texto, yo seguiré negando hasta que cante el gallo.

miércoles, 11 de junio de 2014

Delicias de ultramar

DELICIAS DE ULTRAMAR

¡Cómo me apetece una tortilla de patata con pimientos! ¡Mmmm, qué rica tiene que estar! ¿Me oyes, Fernando?
Yo con este vinito dice derramando media copa sobre el mantel me fumaría un cigarrillo. Qué chulo, echar humo por la boca.
Deja un poco el cariñena y atiéndeme, anda. Mira, he estado pensando que deberíamos ampliar el reino. Los niños están creciendo y necesitan más espacio para jugar. Y alimentos más nutritivos. Me preocupa sobre todo Juana, la noto muy delgaducha y últimamente anda como atolondrada. Sí, ya sé que está en la edad del pavo, pero antes de que se nos descarríe quiero encontrarle novio. Uno que sea guapo.
Te veo pensando en boda, Isabel, y en tarta nupcial. Pues te diré que el chocolate engorda.
Tú qué sabes, si aún no lo conoces contesta enfadada.
Ni tú las patatas. Ni los pimientos se defiende él, despatarrándose sobre el trono.

Mañana sin falta insiste tozuda avisas al amigo tuyo aquel, el genovés que tenía un barco. ¿Cómo se llamaba? Crispín, o Críspulo, o algo así, y le convences para que vaya a colonizar nuevas tierras. Con un poco de suerte igual hasta descubre el picante.

lunes, 2 de junio de 2014

使用說明

使用說明

Nada, que no avanzo. Me he perdido, sí, lo reconozco. No consigo pasar del primer escollo y eso que solo hay dos. No puede ser tan difícil, por mucho que se empeñen en complicarlo poniendo estas letras enanas adrede, si casi no se ven. Ahora mismo voy a por mis gafas y empiezo desde el principio. Tengo que salir de este atolladero yo sola, no pienso aguantarle las bromitas a Miguel cuando vea que no he sabido cambiar la clave. De eso nada.
«Desde una posición indicada, gire a la derecha, inserte su código. Por favor, recuerde un código que insertó». Esto último sobra, la verdad, aunque hay mucho zote por ahí…. Pero ¿cuál será esa «posición indicada»? Aquí falta un dibujo, yo creo. A veeer, un número que no se me olvide… ¡Ya está! El 1·5·0, o sea, la multa que pagué ayer por hablar por el móvil con Miguel, que siempre me llama cuando estoy conduciendo. Encima por su culpa me he metido en este berenjenal, «nena, compra un candado donde los chinos que no me fío de los aeropuertos».

Esto sigue sin cerrar, grrr… ¡Hala, a tomar por saco el puñetero chisme este, que ya estoy harta!d

viernes, 23 de mayo de 2014

A pique

A PIQUE


No, él nunca fue un hombre desconsiderado. Por supuesto que le disgustaba contemplar cómo se hundía su barco y haber olvidado dar la alarma al pasaje. No, no se enorgullecía de haber pedido a los cinco tripulantes africanos que dormían en cubierta que subieran la preciada carga al bote salvavidas, ni de haberles abandonado luego a su suerte. No, tampoco era insensible a los gritos de auxilio que le taladraban los oídos mientras se dejaba arrastrar por la corriente. Pero se sentía dichoso abrazado a aquel cofre lleno de tesoros con los que pronto, muy pronto… glu glu glu.

Manual básico del político en ciernes

MANUAL BÁSICO DEL POLÍTICO EN CIERNES

1.  Matricúlese en alguna facultad, la que sea. No hace falta que se mate a estudiar, lo importante es que se integre en cualquier asociación de estudiantes. Y no pare hasta conseguir el liderazgo, le vendrá muy bien para ir practicando la oratoria hueca.
2. Si elige una opción liberal, deje que le crezca el pelo y recójaselo en una coleta en plan casual, sin peinar. Lleve camisetas con logotipos reivindicativos. Si es más de camisa, nunca se abroche los dos últimos botones y ni se le ocurra ponerse corbata. Dejarse patillas o perilla es opcional, pero ayuda.
3. Caso de que sienta afinidad con la derecha, vista polos color pastel y péinese con raya a un lado. Gomina, gafas de sol de marca y un reloj bien grande son los complementos ideales.
4. La clave de su discurso está en creerse sus propias mentiras y defenderlas contra viento y marea. Practique a todas horas y en cualquier situación y no olvide mover mucho las manos. Arriba, abajo, arriba, abajo. Repítalo todas las mañanas frente al espejo antes de salir de casa. Apréndase un par de frases contundentes y vaya alternándolas en cuanto tenga un microfono delante. Module su voz y grite mucho cuando se le agoten los argumentos.
5. Esto es un empleo, señor mío. Empiece desde abajo. La alcaldía de un pueblucho, cualquier consejería de su Comunidad… Todo irá llegando a su debido tiempo. Además, de mientras usted percibirá jugosas dietas y comisiones.
Y poco más. Los ciudadanos de España somos de muy buen conformar.




1.      

jueves, 1 de mayo de 2014

Mulatas y walkirias en Tokio

MULATAS Y WALKIRIAS EN TOKIO

Cada vez que dos o más miembros de la familia Nang coincidían en la entrada o en la cocina de su apartamento, tenían que cederse el paso acomodándose como piezas del tetrix. En cuanto cumpliera los dieciocho años, Ho, el hijo mayor, pensaba sacarse el carné y olvidarse para siempre de aquellas cuatro paredes. Encerrado en el cuarto de baño, fantaseaba con Tatiana, la diosa rusa que tumbada en cueros sobre un lago helado frotaba con nieve sus pezones; con la insaciable Joanna, que jugueteaba con su lengua entre los muslos de Giselle en la orilla de una playa del Caribe; y con Sandrina, la más viciosa de todas, que chupaba y mordía la...
Toc Toc. Unos golpes en la puerta le sacaron de su ensueño.
¡Ho, pesado! ¿Te falta mucho? le apremió uno de sus hermanos. Justo en el momento más crítico.
Ya… ca… si… es… toy… gimió balbuceante, dejando caer al suelo la revista.
Con un trozo de papel higiénico se secó la mano y tiró de la cisterna. Aún le quedaban dos años para poder hacerse socio del sex shop del centro comercial que con grandes letras de neón anunciaba cabinas.


Atrofia

ATROFIA

Aseguraban los antisistema de principios del siglo XXI que para ejercitar la memoria convenía escribir con bolígrafo y hacer las operaciones aritméticas a mano. A mí todo lo que suene a folclórico siempre me ha llamado mucho la atención, así que tecleé en el buscador «bolígrafo» y salió la foto de un individuo que con un tubito transparente entre los dedos escribía en un papel (luego buscaré «papel»).
Me propuse acercarme el domingo al mercadillo de antigüedades a ver si encontraba uno, pero como no me lo apunté en la agenda del portátil ¡vaya por Dios! se me olvidó por completo.


viernes, 25 de abril de 2014

La historia interminable

LA HISTORIA INTERMINABLE

Como cada mañana sobre las ocho, Mariola ficha con su tarjeta al llegar a la oficina.
—¡¡¡Cliiin!!! Plan-ta-ba-ja —retumba una voz átona.
Se monta en el ascensor junto a otros cinco, seis es el máximo permitido, según indica la chapa metálica del fabricante.
—Buenos días —saluda educado Chuchi, de Renta, el último en subirse.
—¡Serán para ti! Ayer en el telediario dieron sol y mira qué chupa traigo. ¡Nunca aciertan! —reniega Pepa, de IVA—. Menos mal que soy previsora. —Y saca unas manoletinas del bolso, explicando que lo mejor es llevarse calzado de repuesto para no estar con los pies calados todo el día.
Paco escucha muy atento la conversación.
—Yo vengo preparado —dice agitando su paraguas de colorines—. Se lo he cogido a mi hija.
—¿Pero el arcoíris no era la bandera del orgullo gay? —pregunta inocente Pedro.
—¡Paco, marica! —Charo, de Recaudación, siempre tan puñetera, termina de hundirle el día a Paco, que oculta sonrojado el paraguas debajo de la gabardina.
Como cada mañana cuando llega a su planta, Mariola decide que a partir del siguiente lunes sube por las escaleras, se ahorra los partes meteorológicos y así de paso hace un poco de ejercicio.



Jueves santo en Macondo

JUEVES SANTO EN MACONDO


Mientras la impía lluvia borraba la rayuela que durante siglos los fantasmas habían conservado intacta en el patio trasero, la niña Montiel, translúcida, con las rodillas hundidas en el barro junto al murete de la casa donde habitaba pero no, y en pleno empacho de éxtasis, tierra y cal, sintió que se elevaba hacia el cielo llevada de la mano del arcángel Gabriel.

lunes, 21 de abril de 2014

Tiempos nuevos

TIEMPOS NUEVOS

Al principio, nadie le dio importancia. A todos les pareció hasta divertido que Laura, siempre tan desaliñada, que igual le daba andar con la misma falda toda la semana que con el pelo recogido de cualquier manera en una coleta, de pronto se pasara horas cepillándose la melena frente al espejo de su habitación.
Amparo fue la primera en darse cuenta de la metamorfosis. Un viernes a la hora de cenar, mientras servía en los platos unos muslos de pollo, se fijó en que llevaba las uñas pintadas de rosa chicle. Prefirió no molestarla con sus comentarios, pues Laura era muy suya y a veces demostraba muy mal carácter cuando veía invadido su terreno, pero se propuso vigilarla muy de cerca.
El sábado por la mañana apareció por la puerta de casa estrenando flequillo y una media melena color caramelo. La verdad es que le favorecía mucho.
—Oye, Lorenzo —Amparo se acercó hasta el sofá donde dormitaba su marido tapado hasta el cuello con las hojas del periódico— no te hagas el tonto, que has visto lo mismo que yo. ¿Qué te parecen esos cambios? Estoy un poco mosca, quizá deberíamos hablar con ella. —Dicho esto, le dio un manotazo en la cabeza—. ¿Me estás escuchando? Y baja los pies del sofá, corcho, te he dicho mil veces que tienes que dar ejemplo a tus hijos.
—Déjala tranquila, mujer, serán cosas de la edad. Además, ¿qué hay de malo en que quiera ponerse guapa? Ya era hora de que se arreglara, que iba hecha un asco —respondió Lorenzo entre bostezos.
Ese día por la tarde, mientras esperaban a que empezara el «Informe Semanal», Laura, que parecía progresar muy rápido en lo referente a su nuevo estilismo, se plantó en mitad del salón con los labios pintados de rojo y los ojos perfilados de negro.
—Me voy, que he quedado con unas amigas —informó mientras metía un brazo en una cazadora de piel que Amparo no recordaba haber visto antes—. No volveré tarde. Pasadlo bien. —Y a bordo de unos tacones, se fue hacia la puerta, contoneándose como una modelo de pasarela,
—Vale, vale… —balbuceó Amparo. No se le ocurrió nada mejor que decir.
Se asomó a la ventana, escondida tras las cortinas viendo cómo se alejaba a paso inestable calle abajo, y cuando se aseguró de que estaba lo suficientemente lejos, fue corriendo a su habitación. Sin revolver mucho para que no se notara que había estado fisgando en sus cosas, echó un vistazo a los cajones de la cómoda. No le sorprendió demasiado verlos llenos de esmaltes de uñas, pintalabios, pinceles, coloretes… En cambio, sí que se quedó pasmada al descubrir el nuevo fondo de armario de Laura. Había arrinconado los viejos pantalones y faldas y en las perchas colgaban ahora vaqueros de distintos colores, blusas con escote, vestidos de tirantes… Debajo de la cama, encontró varias revistas de moda. Pero lo que le alarmó sobremanera fue ver subrayados con rotulador algunos artículos: unos eran sobre operaciones de aumento de pecho y otros de relleno para los labios.
—¡Lorenzo, ven aquí en seguida! —chilló fuera de sí. El hombre se acercó hasta la habitación—. ¡Mira esto!— Muy nerviosa, golpeaba con el dedo sobre las tetas de silicona que lucía una mujer en una fotografía—. ¿Sigues pensando que exagero?— Amparo se dejó caer en la cama, abrumada— Aquí pasa algo raro y tú no lo quieres ver. No creo ni siquiera que haya quedado con sus amigas, más bien sospecho que se está viendo con un hombre.
Lorenzo, aunque intentaba disimular su estupor, también estaba sorprendido y no sabía qué decir.

—¿Pero es que no lo ves? ¡Si hasta está pensando en hacerse la cirugía de pato, qué horror! Eso sí que no lo soportaría, cruzarme con mi suegra todos los días en el pasillo y verla con esos morros de mamarracha. De mañana no pasa que hables con ella, que a mí nunca me escucha. A ver si pones un poco de orden en esta casa, ¡que ya está bien!

viernes, 18 de abril de 2014

Post-it chamuscado en la puerta de la nevera escrito por su futura viuda y que vicente no leyó, como era su costumbre cuando, recién llegado de echar la partida con los amigos en el bar, fue directo a coger una lata de cerveza.

POST-IT  CHAMUSCADO EN LA PUERTA DE LA NEVERA ESCRITO POR SU FUTURA VIUDA Y QUE VICENTE NO LEYÓ, COMO ERA SU COSTUMBRE CUANDO, RECIÉN LLEGADO DE ECHAR LA PARTIDA CON LOS AMIGOS EN EL BAR,  FUE DIRECTO A COGER UNA LATA DE CERVEZA.

«Olvidé antes decirte ¡ay, qué cabeza! que la bombona pierde gas.
Pues eso, que no fumes.»