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domingo, 30 de abril de 2017

El psiquiatra

EL PSIQUIATRA


Cerró los ojos y sopló las velas, pero el navío ni se movió. Volvió a soplar sobre el lienzo, y nada. Insistió una y otra vez, hasta que ocurrió: el mástil se combó entre sus telas inflamadas y el velero inició su periplo, surcando la espuma de un mar embravecido. Iba dejando atrás el temporal cuando distinguió unos cocoteros en un islote de arenas blancas. Entonces sonó el timbre de la puerta.
Contrariado se abotonó la americana, se alisó el pantalón, frotó unas gotitas de pintura azul que habían salpicado su corbata y abrió la puerta del consultorio, señalando al nuevo paciente el diván.


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